La semana pasada nos referíamos a algunos aspectos que han quedado al desnudo con el paso de esta epidemia que hoy recorre el mundo y hoy volvemos sobre el tema, sobre todo por la manera que se han ido desencadenando los acontecimientos. Por citarles apenas un par de ejemplos, la mismísima Unión Europea ha caído en crisis pues los países más afectados, Italia y España, no han recibido la ayuda que debieran de sus iguales comunitarios, en este momento circulan muchos videos en la redes sociales donde personas de estos países queman banderas de la Unión; por otra parte hoy  Estados Unidos, la principal potencia económica del mundo, ya se ha adueñado por mucho, del primer lugar en el número de contagiados y reconocidos especialistas de ese país prevén una cantidad increíble de muertos, algo impensable hasta hace poco para quienes han vivido toda la vida engañados con el cuento de la calidad de su sistema de salud.

Por su parte Cuba sigue en la mira de sus enemigos de siempre. Quienes obedeciendo órdenes de la Casa Blanca, entiéndase países como Brasil, Bolivia y Ecuador, que aduciendo una u otra causa retiraron los médicos cubanos, ahora no encuentran remedios para sus males, en el primero de los mencionados el ministro de salud ha hablado incluso de la posibilidad de recontratar a nuestros galenos, lo del país del altiplano no tiene nombre porque el gobierno golpista ha pedido ayuda nada más y nada menos que a Estados Unidos que no sabe que hacer son la pandemia, algo que si no fuera tan triste porque se trata de la vida de personas, movería a la risa y en el país por donde pasa el centro del mundo, sobre todo en la derechista y rica ciudad de Guayaquil, los muertos se amontonan en las calles.

Claro que quienes viven del negocio anticubano no tienen descanso, hay que ser verdaderamente muy estúpido para querer mantener una historia que nadie cree, pero ellos, que indudablemente viven de eso, no les queda otra alternativa. Resulta que según algunos periodistas el envío de médicos a Italia es “para limpiar la imagen” de un sistema que ha recibido críticas. Son quince los países que han solicitado la ayuda de la Isla, a los cuales han marchado médicos del Contingente Henry Reeve que tienen en su currículo varias misiones de riesgo donde han salido por la puerta ancha en sucesos tan relevantes como la lucha contra el ébola en África, el terremoto en Pakistán y otros.

Están también, (quizás sean los mismos), los que la emprenden contra el medicamento cubano Interferón Alfha 2B Recombinante, pues no pueden concebir que una pequeña isla del Caribe pueda fabricar un medicamento cuya calidad ha sido reconocida y se encuentra hoy en la primera línea de combate contra la pandemia. Por cierto, llama mucho la atención que en esta llamada “prensa libre” no se publiquen análisis serios acerca de la inoperancia de los sistemas de salud en potencias mundiales como Francia, Estados Unidos, Alemania y otros, que han quedado en clara evidencia con el avance casi descontrolado de la enfermedad.

Otro elemento que queda al descubierto es la falacia de que las medidas que impone el gobierno norteamericano contra Cuba, están dirigidas a afectar el gobierno y no al pueblo, hoy son muchos los países, e incluso personalidades mundiales como el Papa Francisco y el Presidente de la Organización de la Naciones Unidas, Antonio Guterres, han llamado a hacer una tregua en la implementación de estas sanciones con motivo de la epidemia, pero solo han recibido oídos sordos, en esta misma semana un empresario de la firma Alibaba no pudo donar miles de mascarillas a Cuba impedido por las leyes del bloqueo. Bueno otra cosa no se puede esperar de quienes dejan morir a sus propios ciudadanos, hemos conocido de la muerte de un joven de apenas diecisiete años en California, uno de los estados más ricos de Norteamérica, por no tener dinero para pagar los cerca de treinta y cinco mil dólares que cuesta un tratamiento que en Cuba es totalmente gratuito.

Conocí también a través de las redes de la muerte del primer cubano en el estado de la Florida y me siento incapaz de imaginar siquiera la incertidumbre en la que viven miles de nuestros connacionales que todavía están obligados en aquel país a seguir trabajando en ciudades donde no se han tomado siquiera las medidas imprescindibles para combatir este mal.

Recuerdo mi etapa de constructor, muchas veces pude observar en las brigadas que se dedicaban al montaje industrial el llamado proceso de sand blasting que consiste en un chorro de arena caliente a presión que se aplica a las superficies metálicas que luego serían pintadas para eliminar impurezas y suciedades. Así mismo funciona la epidemia de coronavirus: como un poderoso sand blasting planetario y global que deja al descubierto el verdadero rostro de nuestras sociedades, de nuestros modos de hacer. Que se engañe el que quiera, después de la epidemia el mundo no será el mismo.