Un tema relacionado con los periodistas o comentaristas y sus puntos de vista siempre será polémico sobre todo por el hecho que, en muchas oportunidades, las valoraciones que escuchamos en uno u otro espacio están más relacionadas con una línea de deseo o un pronóstico institucional o gubernamental, que por una realidad. Creo que también, que en el caso del deporte, algunos de estos compañeros que dan criterios en los medios masivos de difusión debieran ser cuidadosos y objetivos a la hora de colocar un adjetivo a la hora de valorar la actuación de un competidor.

Recuerdo que por problemas de este tipo el más grande de los jonroneros del béisbol nacional, Orestes Kindelán, durante mucho tiempo se negó a dar entrevistas y su relación con los reporteros, hasta de su provincia, era casi nula. Tampoco puedo dejar de mencionar que en un interesante articulo firmado por Sigfredo Barros publicado en el periódico Granma el 30 de junio de 2017, titulado “Records imposibles de ser borrados” no incluyó el que creo que es más imposible de todos, me refiero a los cuatrocientos ochenta y siete jonrones que dio en su trayectoria en Series Nacionales el denominado “Tambor Mayor” de la aplanadora santiaguera. ¿Acaso una suerte de pase de cuentas?

Para hablar más claramente: acerca de los resultados alcanzados en las competencias de Gimnástica de los pasados Juegos Centroamericanos escuchamos al periodista Hernández Luján decir en el Noticiero Estelar de la Televisión Nacional que “Manrique Larduet había decepcionado” porque el estelar deportista cubano se quedó con la medalla de plata en el caballo con arzones, uno de sus peores aparatos. Por cierto, hace poco, antes de marchar a Europa a una competencia este deportista se negó

a dar una entrevista y quizás esto tenga que ver con aquello, pues anteriormente siempre estaba muy abierto a hablar a los medios.

Lo cierto es que en materia deportiva creamos tantas falsas expectativas que luego, cuando las cosas no salen bien, alguien tiene que cargar con la culpa, la prensa nacional debe definitivamente aterrizar en el hecho que un competidor puede no alcanzar una medalla y realizar una excelente actuación, por ejemplo, si el individuo alcanza o está alrededor de su mejor marca, como sucedió en el pasado Campeonato Mundial de Atletismo con los dos competidores cubanos en el Triple Salto.

También en ocasiones nuestros periodistas pecan por omisión; si al principio nos referíamos al mundo del deporte donde se ejercitan los músculos, ahora les pondremos un ejemplo de ese sector donde se ejercita el intelecto: la cultura. Recientemente la televisión nacional recuperó el certamen de composición “Adolfo Guzmán” que desde hacía varios años no salía a la pequeña pantalla. Excelentes temas fueron dados a conocer en las voces de jóvenes con extraordinarias cualidades y una vez más RTV Comercial dio muestras de todo su potencial como entidad patrocinadora.

El concurso, que contó además con un jurado de lujo, concluyó con una gran satisfacción de público que pudimos constatar en las redes sociales y en los espacios previstos con ese fin, sin embargo, ni siquiera la misma televisión pudo lograr que su sistema informativo diera una valoración crítica (o apenas un acercamiento informativo) un día después de concluido el cónclave, lo que no ocurrió hasta dos jornadas más tarde, pecado capital en un sector que conoce de sobra que en materia informativa la inmediatez es fundamental.

Sin embargo, el 17 de octubre, en el mismo día que falleciera nuestra Prima Ballerina Absoluta, Alicia Alonso, la compañía que lleva su nombre tenía una función programada en el remozado teatro Sauto de Matanzas en horas de la noche, y de la misma si hubo información inmediata. De manera que, cuando se quiere, se puede y todo parece indicar que lo que falta en ocasiones es exigencia. Se los dice alguien que fue jefe de un informativo.